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¿Todavía se usan las computadoras de escritorio? ¿Qué les depara el futuro a esos equipos?


A la hora de comprar un nuevo ordenador, el clásico PC de sobremesa ya no desempeña un papel importante en las consideraciones de la mayoría de los usuarios particulares.


“Los portátiles dominan claramente el mercado, y ahora representan hasta tres cuartas partes de los dispositivos nuevos”, afirma Sven Schulz, de la revista especializada alemana Computer Bild. Para muchos usuarios, añade, el simple concepto de ordenador plegable y móvil es la forma más cómoda de utilizar un ordenador. Sin embargo, el PC de sobremesa está lejos de haberse convertido en un modelo obsoleto.


“Los ordenadores de sobremesa son mucho más que cajas rígidas y toscas”, afirma Matthias Wellendorf, de la revista digital Inside Digital El experto señala que los modelos compactos con un frontal elegante pueden colocarse incluso en el salón sin que se perciban como un elemento perturbador, y que los mini-PC pueden ocultarse detrás de muchos monitores utilizando soportes VESA.


Los ordenadores de sobremesa, o computadoras de escritorio, son especialmente populares entre quienes necesitan mucha potencia de cálculo y gustan además de ampliar o modificar el sistema. “Los jugadores, por ejemplo, suelen utilizar sistemas de sobremesa, pero también personas que, por otros motivos, necesitan mucha potencia y poco ruido”, afirma Wolfgang Pauler, de la revista especializada Chip.

Pauler explica que un PC de sobremesa no se calienta tan rápido como un portátil, y que, además, su carcasa ofrece espacio para ventiladores más grandes, los que, por girar más lentamente que los más pequeños de los portátiles, causan menos ruido y ofrecen el mismo rendimiento de refrigeración.


“Los procesadores rápidos producen mucho calor. Los chips gráficos de mayor tamaño, por ejemplo, requieren rápidamente 300 vatios o más de potencia. En un portátil no hay espacio suficiente para ventiladores más grandes”, afirma Sven Schulz.


Además de la refrigeración, la posibilidad de intercambiar chips es una gran ventaja de los PC de sobremesa. “Esto no suele ser posible con los portátiles, porque los procesadores no vienen con zócalo y, por lo tanto, no se pueden sustituir en absoluto”, señala Schulz, y añade: “Muchos componentes están soldados”.


Ni siquiera la memoria RAM de los portátiles puede ampliarse o sustituirse en todos los casos; e incluso, cuando es posible, explica Schulz, es una tarea muy complicada para la que incluso los usuarios técnicamente experimentados necesitan la ayuda de expertos.


A la hora de añadir componentes, un ordenador clásico suele tener una clara ventaja. Por lo general, las barras de memoria RAM se pueden quitar y poner en unos sencillos pasos. “Es igual de fácil aumentar el número de unidades de memoria”, afirma Wellendorf.


Además, un PC de sobremesa suele ofrecer más flexibilidad en cuanto a conexiones. “Teclado, ratón, impresora, escáner y dos monitores no suponen ningún problema”, enumera Wellendorf, y añade que después aún quedan suficientes puertos USB libres para cargar el móvil y guardar datos en una memoria USB.


Un PC de sobremesa también puede utilizarse como servidor multimedia para imágenes, música y películas. Pero, sobre todo cuando se trata de la oficina doméstica, el ordenador clásico gana puntos también en lo que respecta al bolsillo. “Si el PC tiene su lugar permanente, un sistema de sobremesa es más económico que un portátil”, asevera Wellendorf.


En el caso del portátil, hay que añadir el coste de un monitor adicional si el tamaño de la pantalla de este no es suficiente para el trabajo diario. “La pantalla clásica de un portátil sigue siendo de 15,6 pulgadas, pero las pantallas normales de oficina son de 24 a 28 pulgadas”, explica Sven Schulz.


Fuente: EL UNIVERSO

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