El día que Bob Dylan enfureció a Vargas Llosa: 10 años del Nobel que demostró que el rock es literatura
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Desde el origen del rock, se ha entrelazado una relación simbiótica entre literatura y el género musical al punto que Bob Dylan, uno de sus mayores referentes, ganó un Premio Nobel en 2016.

Ya pasó una década cuando Bob Dylan fue anunciado como Premio Nobel de Literatura. Era 2016, cuando el artista de folk y rock más importante del siglo XX despertó con el máximo galardón de la escritura y volvió a dormir.
Lo que Bob Dylan no dio tanta importancia estremeció las estructuras conservadoras de la literatura mundial. Personajes como Mario Vargas Llosa, premio Nobel de Literatura de 2010, alzó la voz en contra y preguntándose si un futbolista será el próximo de llevarse el galardón. “El Premio Nobel debe ser para una obra literaria de calidad y reconocida”, vociferó el autor de La Ciudad y Los Perros y Conversación en La Catedral en 2016.
En cambio, la Academia Sueca decía que le daba el premio a Dylan “por haber creado una nueva expresión poética dentro de la gran tradición estadounidense de la canción”. “Es un gran poeta en la tradición de habla inglesa, un sampler increíble y original que encarna la tradición y que por 54 años se ha dedicado a eso, reinventándose constantemente y creando una nueva identidad”, manifestó Sara Danius, secretaria permanente de la Academia a la BBC.
Fuera del debate, Bob Dylan no reaccionó. Al punto que parecía no importarle, lo que siempre buscó el hoy difunto Vargas Llosa, para él no era tan llamativo. En la ceremonia de premiación Patti Smith aceptó el premio por él, tras cantar una emotiva versión de A Hard Rain’s A‐Gonna Fall, una de los clásicos de Dylan frente a la Academia y la realeza sueca. Tres meses después, el autor de Like a Rolling Stone retiró personalmente el galardón fuera del show.
De la Generación Beat a Bob Dylan: La historia del rock-literatura

Fuera de Bob Dylan, la relación entre el rock y la literatura es cercana. El rock, fuera de ser un género musical nacido de una evolución del blues e instaurado por personajes como Chuck Berry y Elvis Presley en la década de 1950, fue considerado un movimiento cultural. “El rock, ha sido desde sus orígenes y hasta la actualidad un medio de protesta, de contracultura”, sentencia Alejandra Vázquez Carmona en su ensayo La Contracultura: El rock como protesta política de 2019.
La Generación Beat, este movimiento literario de los años 50 influenciados por el jazz, fueron los primeros en colocar en términos estéticos lo que después sería señalado como rock. Patti Smith, la conocida Madrina del Punk, fue lectora de las plumas beats como William Burroughs - quien estuvo en Ecuador en búsqueda de ayahuasca como se ve en su libro Queer - o Jack Kerouac y su famoso En el camino. El constante desafío al orden, que provino de las palabras necias de los escritores, se permearon en los ojos de no solo Smith, sino de Lou Reed de The Velvet Underground, David Bowie, Jim Morrison de The Doors o Bob Dylan, el ahora premio Nobel de Literatura, entre otros.
Patti Smith, quien ya recitaba versos de poetas malditos como Rimbaud y Baudelaire en sus primeras presentaciones a finales de los 70, escribió nueve libros entre poesía y memorias. Lou Reed, quien no sólo escribía poesía en rock, le dedicó todo el disco The Raven (2003) a Edgar Allan Poe, pilar del cuento y terror moderno. Pink Floyd lanzó Animals (1977), basado en Rebelión en la Granja de George Orwell. The Rolling Stone lanzó en 1968 su canción Sympathy for the Devil, influenciado por la novela El maestro y margarita del escritor ruso Mijaíl Bulgákov. Así, durante el siglo XX tanto rock y literatura vivieron en constante simbiosis.
El impacto del rock en la literatura latinoamericana: De Reynoso a Mariana Enríquez

En Latinoamérica, llegó el rock como un cover forzado en español de clásicos del género como Elvis, Bill Haley and The Comets o Chuck Berry. Sin embargo, esa invasión que llegaba en las capitales latinoamericanas sí fueron captadas por las plumas de la época. En Perú, el escritor Oswaldo Reynoso decidió retratar esa Lima invadida por las chaquetas de cuero y un homoerotismo de macho cabrío en su libro Los Inocentes (1961), donde Bill Hayley era rey. Tal fue su impacto que entre los fanáticos decidieron rebautizar Lima en Rock.
En México, el conocido festival de Avándaro (1971), famoso por querer emular a Woodstock pero a la mexicana,motivó al escritor y periodista Carlos Monsiváis a reprochar en una carta al periódico Excélsior. “Avándaro es una respuesta autónoma y original y es, también, un hecho colonial, no porque un festival de rock sea exclusivo de la cultura norteamericana”, dijo el famoso cronista de la vida mexicana, como recopiló Ernesto Flores en su artículo Avándaro, Monsiváis y nuestro derecho a la fiesta para la revista Letras Libre, en 2021. No es sorpresivo, en el documental Gimme Tha Power (2012) de Olallo Rubio ya mostraba el rechazo del rock en la mayoría de la sociedad mexicana, excepto los márgenes como lo retrata también Reynoso en la Lima de Los Inocentes.

A medida que avanzan las décadas, el rock se va entrelazando con las diferentes disciplinas artísticas, entre ellas la literatura. Escritores como el chileno Alberto Fuguet o la argentina Mariana Enriquez utilizan al género musical como una parte elemental de sus historias. Fuguet utilizó al rock clásico británico para retratar la decadencia del Chile del referendo, si permitía o no legitimar el poder del dictador Augusto Pinochet, en Mala onda (1991); y el rock chileno fue el pegamento en una historia de romance entre dos chicos en un Santiago de la dictadura, en Ciertos Chicos (2024).
En cambio, Mariana Enriquez maneja la música de una manera más distante a la historia. Ella fue periodista de rock y crítica. Fanática del australiano Nick Cave y amante de la banda británica Suede. En cuentos como en Lo que perdimos en el fuego (2016) o Los peligros de fumar en la cama (2009), o la novela Nuestra parte de noche (2019), el rock, ya sea británico o argentino, siempre está sonando alrededor de los personajes. Como Fuguet y Enríquez existen ejemplos en varios países de Latinoamérica.
Ginsberg y Foster Wallace, los profetas de la música

Fue el poeta Allen Ginsberg el que sentenció que “el rock es la poesía moderna”. El autor de Aullido, el poema de la Generación Beat que alarmó las bases conservadoras de la sociedad estadounidense y sobrevivió a la censura, vio en el género musical un potencial artístico que el día cuando Bob Dylan es galardonado con el Premio Nobel de Literatura se confirma.
Ginsberg se relaciona tanto con la comunidad hippie y rockera que se mimetiza con las juventudes que abandonan sus hogares para vivir la experiencia contracultural. Su voz se encuentra grabada en la canción The Ghetto Defendant de la banda británica The Clash o colaboró como juglar en el tour Rolling Thunder Revue de Bob Dylan, junto a músicos con la mitad de su edad o haciendo las voces del coro para el disco Death of a Ladies' Man de Leonard Cohen. Allen Ginsberg fue ese poeta que le dio sustancia y rebeldía a un género musical que poco a poco quedó atrapado por la misma industria musical.
No todos los géneros musicales tienen un profeta. Ese ser místico que se levanta entre la multitud a favor de un sonido, unas palabras, un espíritu. Así fue la relación entre Allen Ginsberg y el rock, mostrando al mundo su naturaleza literaria. Y de la misma manera, en 1989, el escritor David Foster Wallace haría lo mismo con el hip hop.
Un género nuevo que prometía que no iba a pasar lo mismo que con el rock. El hip hop era música de afrodescendientes para afrodescendientes, por lo menos hasta que llegó Eminem en 1996. Pero siete años antes, David Foster Wallace, motivado por una rencilla en una charla literaria, escribió el ensayo Raperos Ilustres. utilizando la estructura de la dialéctica de Hegel (tesis, antítesis y síntesis), para afirmar que ese género musical es poesía. En 2018, dos años después de que Bob Dylan recibiera el Nobel de Literatura, el rapero Kendrick Lamar fue premiado con un Pulitzer por su álbum DAMN.
Lamar ganó un premio que solo ganó la música clásica y jazz. Los profetas del rock y el hip hop nacieron de la literatura, señalando ese vínculo sagrado entre escritura y sonido, para dejar claro que la literatura antes de ser literatura, fue poesía, fue canción. El Homero de la Odisea e Ilíada de ahora pudo ser un rockero, podría ser un rapero. (JJ)
FUENTE: ECUAVISA.COM























