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La mentirosa compulsiva que mandó a matar a sus padres cuando descubrieron sus engaños


Para sus padres, Bich Ha y Huei Hann Pan, Jennifer Pan era la hija perfecta. Sobresalía en sus notas y actividades extracurriculares como piano, flauta y patinaje artístico.

Estaba prohibida de tener relaciones con chicos y estudiaba Farmacia. Lo que sus progenitores desconocían es que esta canadiense nacida en una familia de origen asiático era una mentirosa compulsiva. Jennifer Pan fue declarada culpable de haber orquestado un plan para matar a sus progenitores.

"Tienen acceso VIP" le escribió la noche del 8 de noviembre del 2010 a uno de los hombres a los que pagó USD 10 000 para que maten a sus padres, quienes habían descubierto sus engaños. El 13 de diciembre del 2014, Jennifer y otros tres hombres fueron condenados a cadena perpetua. Tendrán la posibilidad de solicitar la libertad condicional cuando cumplan 25 años tras las rejas. Para entonces, Jennifer tendrá 53 años.

¿Cómo llegó la 'hija perfecta' a ordenar el asesinato de sus padres?

Según los reportes de medios internacionales, comenzó a engañarlos cuando estaba en la escuela. A casa llevaba solo notas sobresalientes que en realidad eran más bajas.

Se ingeniaba para falsificar los boletines. Pero la buenas calificaciones no impedían que los padres la controlen en todo.

El diario El País de España señala que soñaban con que su hija se convirtiera en deportista olímpica, pero la rotura del ligamento de una de sus rodillas frustró sus esperanzas.

Jennifer tenía prohibido cualquier tipo de relación con chicos, pero aún así conoció a Daniel Chi-Kwong Wong, su novio y cómplice del crimen.

Sus padres querían que estudie en la Universidad Ryerson, en Toronto y no pudieron ser más felices cuando llegó una carta de aceptación de este centro que había sido falsificada por la joven.

Y es que la educación superior no era una opción para Jennifer, quien abandonó la secundaria antes de obtener su título.

Dijo que había recibido un préstamo de la Universidad y una beca de USD 3 000. Lo cierto era que sus ingresos venían de clases de piano que daba y del trabajo que tenía en un restaurante

Para mantener su engaño, compró algunos libros y vio documentales para aparentar ser una estudiante modelo. Sus padres creían que vivía con una amiga, pero en realidad su compañero era su novio.

Años después de su supuesta aceptación en la universidad de ensueño de su padre, Jennifer dijo que la ceremonia de graduación tendría un aforo limitado y así evitó que sus padres asistan.

No se detuvo allí, dijo que consiguió trabajo en un laboratorio de análisis de sangre en un hospital, pero para entonces sus padres habían empezado a sospechar.

Un día dijeron que la acompañarían al centro donde supuestamente trabajaba y el montaje de Jennifer empezaba a peligrar. Con sus padres dentro de las instalaciones, escapó.

Entonces los progenitores llamaron a la amiga con la que Jennifer supuestamente había vivido, solo para descubrir que hacia varios años que no se veían. Sus padres enfurecieron al descubrir el engaño, obligaron a Jennifer a renunciar a su trabajo y colocaron un dispositivo GPS en su vehículo.

Daniel, su novio, terminó con ella debido al excesivo control al que era sometida por parte de sus padres.

En el 2010, señala El País, la canadiense retomó el contacto con Andrew Montemayor, a quien había conocido en la secundaria. Él le confesó que quería matar a su padre y ella pensó en hacer lo mismo.

Ambos, con el apoyo de una tercera persona, idearon un plan para matar al padre de Jennifer. Le ofrecieron a un sicario USD 1 500.

Pero el hombre resultó ser un estafador que huyó con el dinero de Jennifer sin haber cometido el crimen. Su exnovio volvió a su vida y entonces retomó la idea de matar a sus padres.

Se contactó con una persona que se ofreció a cometer el doble crimen por USD 10 000 con la ayuda de Daniel y otro hombre.

Llegó la noche del 8 de noviembre del 2010 y Jennifer facilitó el acceso a la vivienda en Toronto de quienes terminarían con la vida de los Pan. Padre, madre e hija- para tratar de cubrir el móvil del asesinato- fueron forzados a bajar a la planta baja donde se les exigió que entreguen todo el dinero que tuvieran.

Jennifer fue llevada nuevamente al segundo piso de la vivienda y allí fue atada. Entonces los hombres contratados para cometer el crimen dispararon en la cabeza a los padres de Jennifer, según reza la sentencia del caso.

Ella llamó a la policía y dijo que había escuchado disparos, señala el diario Washington Post. Al llegar a la escena, la policía notó que los supuestos ladrones no se llevaron nada valioso de la vivienda.

Asimismo notaron que ingresaron por la puerta principal del domicilio. El padre de Jennifer logró llegar con vida al hospital, pues tras haber recibido el disparo en la cara se soltó y pidió ayuda a un vecino.

Fue colocado en un coma inducido y cuando salió de este dijo que su hija parecía conocer a los hombres que habían entrado esa noche en su casa. La madre murió en la escena.

Jennifer, acorralada en medio de la investigación, dijo que sufría de depresión y que contrató a los asesinos para que terminen con su vida, pero que ellos se confundieron y mataron a sus padres. Jennifer y los hombres a los que contrató para ayudarla a matar a sus padres fueron declarados culpables por los cargos de asesinato en primer grado e intento de homicidio.

Fuente: Comercio

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