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El sueño mundialista terminó en pesadilla

  • 1 jul
  • 2 min de lectura

El Mundial terminó para Ecuador y, por fortuna, también el contrato de Beccacece. Hay que encontrar, al menos, ese pequeño consuelo.

Moisés Caicedo, capitán de Ecuador, consuela a sus compañeros.
Moisés Caicedo, capitán de Ecuador, consuela a sus compañeros.

Decepción. Ese es el sentimiento que invade a los ecuatorianos un día después de la eliminación de la Tri del Mundial 2026 a manos de México.

No se reprocha el qué, sino el cómo. Porque el equipo de Sebastián Beccacece nunca estuvo a la altura de un partido de dieciseisavos de final. Desde el pitazo inicial en un estadio Azteca repleto, Ecuador fue irreconocible: no presionó alto, no recuperó balones, no tuvo contención en el mediocampo y exhibió fragilidades defensivas impropias de un equipo que aspiraba a hacer historia.

México nos sacó del Mundial con un baile. Hizo ver mal a figuras como Moisés Caicedo, Willian Pacho y Piero Hincapié, y expuso errores como los de Joel Ordóñez. La diferencia entre ambos equipos fue tan grande que el marcador terminó siendo engañoso.

Fue una despedida amarga para Enner Valencia, el delantero que más ocasiones desperdició en el torneo, y también para Hernán Galíndez, que evitó que el 2-0 se transformara en una goleada escandalosa. Porque México mereció mucho más. Pudo marcar al menos cinco o seis goles, de no ser por las intervenciones de nuestro arquero y por su propia falta de puntería.


Y lo más preocupante fue la actitud. Desde el inicio, Ecuador no transmitió la sensación de querer ganar el partido. Y cuando ya estaba dos goles abajo, tampoco mostró rebeldía, fútbol ni carácter para intentar cambiar su destino.

La resignación de Beccacece también quedó expuesta en los cambios. Ordenó el ingreso del joven Yaimar Medina como lateral izquierdo, una solución que solo existía en su cabeza y que nunca ofreció respuestas en la cancha.

Después entró Kendry Páez, un futbolista que ni siquiera debía estar entre los convocados. Ocupó un lugar que hoy no merecía, tras un año para el olvido: el Chelsea decidió cederlo al Estrasburgo, donde apenas tuvo participación, y luego pasó a River Plate, donde la historia se repitió hasta que el club argentino terminó el vínculo. ¿Cómo se explica que un jugador sin continuidad en sus equipos termine llevando la camiseta número 10 de Ecuador?

El Mundial terminó para Ecuador y, por fortuna, también el contrato de Beccacece. Hay que encontrar, al menos, ese pequeño consuelo.

Lo preocupante es que la Federación Ecuatoriana de Fútbol parece especializada en equivocarse al momento de elegir entrenadores. Uno tras otro han desperdiciado el enorme potencial de una generación a la que llamamos "dorada", aunque ese calificativo empieza a quedarle demasiado grande.

Porque, muchachos, esta generación ya se está comiendo dos Mundiales. (JJ)

FUENTE: ECUAVISA.COM

 
 
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