El oscuro misterio de la muerte de Marilyn Monroe que busca revelar Netflix: ¿suicidio, sobredosis?


Dentro de unos meses se cumplirán sesenta años de la muerte de Marilyn Monroe. Un ícono atemporal. Marilyn murió muy joven. Sobredosis de barbitúricos. Eso fue lo que determinó la autopsia. Pero el paso del tiempo sólo alimentó dudas, multiplicó sombras. ¿Fue un suicidio? ¿Una sobredosis accidental? ¿O se trató de un asesinato? Si la mataron ¿quién fue el autor material? ¿Y el intelectual? ¿Las causas?


Las teorías conspirativas se acumulan, se contradicen entre sí y muy pocas veces se complementan. Los años sólo hicieron hacer crecer esta narrativa y potenciaron las lagunas de la versión oficial. En esta historia fueron muchos los señalados y sospechados. Tal vez nunca se sepa con certeza qué fue lo que sucedió con Marilyn. El misterio sobre su final, como el tamaño de su leyenda, sólo tiende a crecer.


En 1982 a Anthony Summers le encargaron ocuparse de la cobertura de la reapertura de la investigación oficial sobre las circunstancias de la muerte de Marilyn Monroe. Habían pasado veinte años y las teorías y versiones seguían aumentando. El fiscal trabajó unos meses y cerró definitivamente el caso. Concluyó, sin aportar ninguna novedad, que se había tratado de un suicidio o de una sobredosis accidental. Summers creyó que su tarea periodística le llevaría unas pocas semanas, menos de un mes. Pero el tema lo fue tomando, lo fue obsesionando y su trabajo demoró casi cinco años. Realizó más de 600 entrevistas, buceó en decenas de archivos y hasta tuvo acceso a los expedientes de varias agencias gubernamentales. Escribió Goddess, una biografía sobre la actriz. Ahora, cuarenta años después, las grabaciones conservadas en cassettes de esas conversaciones que tuvo para realizar el libro ven la luz en LIBRO EL MISTERIO DE MARYLIN MONROE , el documental que la semana pasada estrenó Netflix y que ya se encuentra en el podio de lo más visto.



Emma Cooper, la directora del documental, lleva una imagen de Marilyn tatuada en su brazo derecho. Le contó al diario inglés The Guardian que cuando le ofrecieron el proyecto, ella aceptó porque le pareció un buen trabajo pero su interés en Marilyn era menor. Alguien le avisó: “Ella te va a agarrar y te va a arrastrar. Te vas a meter de lleno en su historia. Es imposible no hacerlo”. Cooper sabe –y su piel lo demuestra- que el augurio se cumplió. Ahora es una más de las obsesionadas por la actriz, por su vida tumultuosa y sus muerte misteriosa.


El documental luce como gran aporte testimonios de Billy Wilder, John Huston, la ex esposa de Dean Martin, Lana Turner, el detective privado más requerido de los sesenta y varios más. Se escuchan sus voces, fruto de las entrevistas realizadas por Summers cuatro décadas atrás. Cada tanto en la pantalla aparecen recreaciones de esas personas hablando con Summers; el recurso no aporta demasiado aunque no deja de sorprender la precisión del playback de los actores.


El Misterio de Marilyn Monroe: las cintas inéditas plantea preguntas, siembra dudas y esboza una teoría sobre la muerte de Marilyn. Poco de esta información resulta novedosa, ni siquiera se hace cargo de sus propias limitaciones y contradicciones. Sin embargo, algunos de los interrogantes hacen ver que la versión oficial tiene múltiples falencias.

Lo que el reciente estreno de Netflix demuestra es que Marilyn sigue atrayendo, provocando interés, atrapando al público. El que se acerca a ella se quema.


Nunca se sabrá bien cómo sucedió. El tiempo en este caso sólo agrega sombras, sospechas, teorías conspirativas. Una muerte joven, de alguien muy famosa y deseada. Si bien fue impactante, no se trató de una sorpresa. Las últimas horas de Marilyn Monroe ya fueron contadas muchas veces. Pero ese día, en especial esa noche, será siempre terreno de la leyenda, de la duda, de lo incierto.


Empecemos con la historia oficial, la que quedó cristalizada por actuaciones policiales, informes periciales y decisiones judiciales. Es la que se repite en los recuentos biográficos oficiales.

Marilyn hacía tiempo que tenía problemas. Depresión, abuso de medicación, alcohol, conductas erráticas, incumplimientos laborales varios. La tarde del 4 de agosto de 1962 fue visitada por su psiquiatra, recibió unos masajes y la mujer que trabajaba en su casa, a pedido del médico, se quedó a dormir con ella, para cuidarla. Al llegar la noche ella se encerró en su cuarto. Recibió algunas llamadas e hizo otras.


Una de esas conversaciones fue con Peter Lawford, actor que integraba dos de los clanes más importantes de ese tiempo. Era miembro de la familia presidencial, cuñado de JFK (estaba casado con Pat Kennedy) e integraba el Rat Pack, el grupo de artistas nucleado alrededor de Frank Sinatra. Esa noche Lawford daba una fiesta y quería contar con la presencia de Marilyn. Hablaron poco. Marilyn tenía la voz pastosa, estaba inconexa, se despidió de él con solemnidad saludándolo y mandando saludos para su esposa y para “el Señor Presidente” (esta formalidad puede que sea un agregado posterior de Lawford para cuidar a su cuñado, para tapar una de sus aventuras extramatrimoniales).

El actor llamó preocupado a varios de sus contactos para que se ocuparan de Marilyn. La cadena de llamados llegó hasta el agente de Monroe que por fin pudo dar con el psiquiatra. La mujer que la cuidaba fue avisada y dijo que veía luz por debajo de la puerta. Le pidieron que tratara de ingresar al dormitorio. La puerta estaba cerrada con llave. Salió, rodeó la casa y miró por la ventana. La vio tirada en la cama, desnuda, según dijo boca abajo, con una mano en el teléfono. No se movía.


Llegó el psiquiatra, rompió el vidrio de esa ventana e ingresó en la habitación. Cuando la tocó se dio cuenta que no había nada que hacer. Estaba helada. Hacía varias horas que Marilyn Monroe estaba muerta.

Algunos de estos hechos se pueden comprobar fácilmente. Otros están cubiertas por sombras, ocurrieron más difusamente o no pueden ser probados fehacientemente.



Fuente: INFOBAE

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